La lectura de Maite de Fernando Aramburu me ha gustado. Al principio me costó entrar en su estilo, en su forma de narrar, pero después lo leí muy bien. Fui avanzando con intriga, con ganas de saber qué sucedería más adelante.
Una historia de tres mujeres
El hilo principal de la novela es la relación entre tres mujeres: Maite, su hermana Elene y su madre, Manoli. Los hombres están, claro, pero quedan en un segundo plano. Lo que pesa de verdad es esa convivencia entre madre e hijas, con sus cuidados, sus silencios y sus cosas pendientes.
Elene vuelve de Estados Unidos después de muchos años porque su madre ha sufrido un ictus. Ese regreso mueve algo en la casa. Las tres hablan, se acompañan, se observan. Pero no se lo dicen todo.
Cada una guarda algo. Cada una mide sus palabras. A veces parece que callan para no hacer daño. Otras veces, quizá, para no enfrentarse a lo que pasaría si hablaran claro.
Maite y sus castillos
Maite vive pendiente de los demás, de lo que necesitan, de lo que podría molestarles. Tiene un carácter dulce y busca evitar los conflictos.
Pero por dentro le pasan muchas cosas.
Cuando la realidad se le hace difícil, Maite imagina castillos. Se va a ese lugar mental donde puede ordenar lo que fuera está desordenado. Allí repara conversaciones, calma conflictos y acompaña a quien sufre.
No lo hace solo como una huida, sino por necesidad. Maite no siempre puede intervenir en la realidad. Entonces inventa un espacio donde sí puede hacerlo.
También se habla a sí misma de usted. Ese detalle me ha llamado mucho la atención. Como si necesitara alejarse un poco de sí misma para entender lo que siente.
El fin de semana del miedo
La historia transcurre durante el fin de semana del asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP, a manos de ETA. Ese hecho histórico atraviesa la novela. Está en la calle, en las conversaciones y en lo que muchos prefieren no nombrar.
Maite lleva el lazo azul. Ese gesto importa. No la convierte en una heroína, pero sí muestra una forma tranquila de valentía. Una valentía sin ruido.
Mientras fuera se vive una tensión enorme, dentro de la casa también hay otra tensión. La de la familia. La de los secretos. La de una vida matrimonial que quizá no es como Maite quiere creer.
Y ahí la novela se vuelve más incómoda. Porque una cosa es no saber. Otra distinta es sospechar algo y seguir como si nada.
Un final que se sale de lo esperado
El final me ha parecido diferente a otros que he leído últimamente, donde hay un giro inesperado muy marcado. Pienso, por ejemplo, en Tierra, de Eloy Moreno, o en María República y Ana no, de Agustín Gómez Arcos.
Aquí el cierre va por otro lado. No busca tanto sorprender de golpe como dejar una sensación. La de haber acompañado a una mujer que intenta sostener su vida con las herramientas que tiene, aunque esas herramientas sean el silencio, la imaginación o la costumbre.
Maite de Fernando Aramburu me deja pensando en las personas que callan para sostener algo. Una familia, una casa, una idea de sí mismas. A veces ese silencio protege. A veces hace daño. Muchas veces son las dos cosas a la vez.
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Este texto se ha elaborado con ayuda de inteligencia artificial, a partir de mis notas personales de lectura y de mis impresiones sobre el libro.