Domingo 17 de mayo de 2026 y las elecciones de Andalucía, nos vuelven a poner delante de una urna. No tiene que ser un trámite más. Es el momento de decir que Andalucía sigue viva.
El día en que habla la gente
Hay mucho descontento en la calle. No solo con un partido o con otro, sino con una manera de hacer política que parece haberse olvidado de la vida diaria. A veces da la sensación de que se gobierna más para que la imagen política no se dañe, que para los ciudadanos.
Se miden los discursos, se calculan al milímetro las fotografías y los gestos se convierten en coreografías perfectamente ensayadas. Mientras tanto en la calle, la gente sigue esperando respuestas para problemas muy concretos: la sanidad, la vivienda, el trabajo, la educación, la dependencia, el futuro de quienes empiezan y la tranquilidad de quienes ya han trabajado lo suficiente.
Por eso votar importa. Importa para recordar a quienes mandan, que el poder no les pertenece. El poder lo dan los ciudadanos.
La democracia también necesita calma
El día de las elecciones de Andalucía tiene que vivirse como una jornada limpia. Cada persona con su papeleta, su memoria, sus dudas y su libertad. Sin miedo. Sin ruido añadido. Sin esa necesidad de convertir al vecino en enemigo por pensar distinto.
La polarización nos está dejando una sociedad muy cansada. Nos cuesta escuchar. Nos cuesta aceptar matices. Nos cuesta incluso, hablar sin que todo parezca una trinchera.
Y, sin embargo, la democracia necesita justo lo contrario. Necesita conversación, respeto y cierta humildad. Nadie tiene toda la razón todo el tiempo. Ningún partido debería olvidar que gobierna para todos, también para quienes no le votaron.
Recordar de dónde venimos
Hay frases que se repiten pero que conviene no olvidarlas. Sabemos de dónde venimos. Sabemos lo que ocurre cuando la política deja de ser servicio y se convierte en imposición, desprecio o propaganda.
Por eso no basta con votar. También hay que pedir altura. Hay que exigir que quienes lleguen al gobierno miren menos al escaparate y más a la calle. Que bajen el tono. Que trabajen. Que entiendan que detrás de cada voto hay una vida. Hay personas.
El domingo 17 de mayo tocará pasar por las urnas. Con libertad, con conciencia y sin hacernos daño.
Porque la democracia, incluso cuando se vuelve decepcionante, sigue siendo un privilegio que conviene cuidar.