Finalmente he cerrado las páginas de la novela Estás en mis ojos de Angélica Morales, y la sacudida que sentí al inicio no ha hecho más que profundizarse. Si en mi entrada anterior hablaba del hallazgo de una figura olvidada, ahora que he terminado el libro, comprendo que el asesinato de la fotógrafa Hélène Fischer-Viollet en 1985 no fue solo un acto de violencia, sino el trágico desenlace de la envidia de su marido y socio, Jean-Victor Fischer. Este sentimiento destructivo fue el motor que apagó la vida de una mujer que, gracias al legado de su padre Henri, había hecho de la fotografía su forma de existir.
El legado de Henri y la dualidad en la vida de la fotógrafa
A través de la investigación de la inspectora Isabel Santolaria, descubrimos que la pasión de Hélène por la fotografía fue una herencia directa de su padre, Henri, quien sembró en ella el amor por capturar el mundo a través de una lente. Es fascinante cómo la novela Estás en mis ojos de Angélica Morales juega con las dualidades constantes.
La metáfora del sol y la lluvia
Cuando Hélène se fue a vivir con Jean, afuera hacía sol y llovía al mismo tiempo. Esta imagen funciona como una poderosa metáfora de lo que sería su vida matrimonial: una mezcla de la luz creativa que emanaba de la agencia Roger-Viollet y la tormenta de celos profesionales que acabaría con ella,.
El enigma de la optografía y la conexión con Julio Verne
Uno de los mayores descubrimientos al concluir el libro es el significado real de su título. «Estás en mis ojos» no es solo una frase estética; posee una raíz literaria y científica inquietante que conecta directamente con la obra de Julio Verne, Los hermanos Kip. En dicha obra se explora la optografía, la creencia de que la última imagen que ve una persona antes de morir queda impresa en su retina.
El silencio roto y la mirada de Isabel Santolaria
Esta idea de la «última imagen» dota a la narrativa de Morales de una profundidad fascinante bajo tres ejes principales:
- La recuperación de Hélène: La novela actúa como esa imagen retenida en la retina, permitiendo que la fotógrafa vuelva a estar viva cuarenta años después de su muerte,.
- El espejo de la inspectora: Isabel Santolaria no solo reconstruye un crimen de 1985; al mirar la historia de Hélène, se ve obligada a iluminar los rincones oscuros de su propia vida en el presente.
- El archivo Roger-Viollet: Lo que comenzó como un legado documental en París se transforma, gracias a la pluma de Morales, en una historia de verdades que necesitaban ser contadas para salir a la luz,.
Conclusión: Una visión que permanece
Como bien se desprende de la lectura, hay vidas que solo se iluminan si alguien se detiene a contarlas. La autora no solo ha construido una trama de suspense; ha rescatado a una mujer cuya visión del mundo fue tan potente que, gracias a este libro, ahora ella también está en nuestros ojos. La novela Estás en mis ojos de Angélica Morales nos recuerda que el arte y la memoria son las únicas herramientas capaces de vencer al olvido y a la violencia.
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