Terminé María República sin darme cuenta. Este libro lo he leído con la necesidad de comprender bien cada gesto. Y ahora que lo cierro, sé que algo se ha quedado en mi.
La fuerza silenciosa de una mujer
Desde el principio te das cuenta que no estas ante una historia ligera. María República no es el simple retrato de una mujer en la posguerra; es la historia de alguien que decide no rendirse cuando todo alrededor está diseñado para quebrarla, para sumirla.
Me ha impresionado el sufrimiento que padece la protagonista, pero sobre todo, su capacidad de sostenerse. La presión económica de la tía. La autoridad rígida de la Madre Reverenda. El peso de una institución que impone, que decide por otros, que somete siempre, por un interés propio. Todo se construye en un entorno asfixiante.
En la iglesia, religión y moral apenas tienen cabida. Todo está relacionado con lo político y lo económico.
Sin embargo, María no se diluye. No desaparece. No se convierte en lo que esperan de ella. Los dos muertos que lleva en su mente, la hacen sobrevivir.
Hay una resistencia adaptada, para estar en el mundo. Heroísmo épico. Coherencia. Y eso, en una historia atravesada por la represión y el abuso de poder, resulta casi subversivo.
Autoridad, impotencia y memoria
Mientras mi lectura va avanzando, sentía impotencia. Una sensación de estar ante una autoridad incontestable: la Madre Reverenda. Un personaje donde religión, economía y control moral se mezclan sin fisuras.
Cómo el poder entra en la vida íntima de las personas y las moldea. Esa parte me ha removido especialmente.
Cuando María niña va a la ciudad en busca de su hermano, ha sido el capítulo que más me ha emocionado. Hay amor, determinación, inocencia. Y sin saberlo, ya está presente la mujer en la que se convertirá.
Un final coherente con su historia
No esperaba que terminara así (o de esa forma), pero si que fuera con dignidad. Y sin embargo, tiene sentido.
María acaba sus días rindiendo honor a los dos muertos que tiene en su cabeza. El gesto puede parecer extremo, incluso surrealista dentro del tono del último capítulo. Pero leído y haciendo el recorrido completo, todo es redondo, con identidad.
Al principio de mi lectura y empezando a analizar, deseaba un final justo. Con el paso de las páginas, entendí que lo que realmente buscaba era dignidad. Y la encontré. María República no busca consuelo, busca en la institución la herramienta de la que todos hacen uso, para su propia conveniencia. Se integra, pero sin doblegarse.
He terminado el libro con una palabra clara en la cabeza: valiente.
No sé si he leído este libro como un crítico, ni me importa. Lo he leído despacio, con dudas sobre mi propia comprensión, volviendo atrás cuando lo necesitaba.
Cierro el libro y la imagen que me queda es la de una mujer, que no se traicionó.
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