Hoy, más que el 1 de enero, arranca de verdad mi año cultural 2026. A veces el calendario oficial no coincide con el interno, y en mi caso es ahora cuando me organizo, cuando empiezo a leer, a ver, a escuchar. Cuando me dan ganas de volver a estar en medio de las cosas.
Libros que abren caminos
El cierre del 2025 me pilló con La restauradora de Carmina Jiménez Varona, una novela rural donde restaurar un Cristo se convierte también en restaurarse una misma. Me gustó lo bien contada que está, sin rebuscamientos ni prisas. Y después, ya en estos primeros días, he terminado El arte de hablar de Xavier Guillén, con un tono completamente distinto: un informático en crisis, un gurú de autoayuda, Córdoba en verano… aunque a veces me perdía en la narración, al final me atrapó la pregunta que deja flotando: ¿qué estamos dispuestos a pagar por sentirnos vivos?
Ahora tengo entre manos Estás en mis ojos de Angélica Morales, donde se cruzan la fotografía, el feminismo, la memoria y el poder. Es un relato que va de París a la intimidad, con ecos de novela negra, y lo estoy leyendo con mucho entusiasmo. Supongo que el tema de la imagen me toca de cerca.
Y aún quedan muchos títulos en la recámara. Los Reyes Magos han sido generosos: María República y Ana No de Agustín Gómez Arcos, Raíles y maletas de Rafael Jurado Arroyo, Ni una, ni grande, ni libre de Nicolás Sesma. Sé que no llegaré a todos, pero la intención ya marca una dirección.
Escuchar con tiempo
La música también pide su espacio. Me espera el nuevo disco de Rosalía Lux, publicado en noviembre con 18 canciones que no quiero escuchar de pasada. Escuchar música con tiempo, no como fondo, es otra forma de leer.
Y, como cada enero, el COAC ya ha comenzado: Concurso de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz. Es una tradición que me alegra mantener, aunque solo pueda seguirlo a ratos. Carnaval que ya asoma, para enseñarnos, su modo irreverente de mirar el mundo.
Un año que pide atención
No sé si veré muchas series. Quiero ver cine, sobre todo español, y seguir leyendo con cierta calma. Tengo frentes abiertos, sí, pero no me agobia. Me estimula. Es como tener una conversación pendiente con todo eso que me espera: libros, canciones, voces, imágenes.
Puede que mi año cultural 2026 no sea muy distinto a otros, pero la forma de empezarlo ya dice algo. Es más íntima que espectacular. No hace ruido, pero se pone en marcha.
Y ahora, que ya ha comenzado, lo único que me pregunto es:
¿seré capaz de sostener esta atención?