Este fin de semana visité en la Casa Góngora la exposición de premiados y finalistas del XXVI Concurso Nacional de Fotografía “Ciudad de Córdoba”, Premio Mezquita 2026. Tenía muchas ganas de ver el resultado de este año, pero también de reflexionar en silencio sobre las diferentes formas de entender una imagen.
La muestra puede visitarse desde el 25 de abril hasta el 7 de junio. Reúne las colecciones premiadas y finalistas de esta edición, con siete colecciones galardonadas: tres del Tema Córdoba, tres del Tema Libre y una de la nueva sección dedicada a la inteligencia artificial aplicada al medio fotográfico.
Dos salas para mirar de forma distinta
La exposición está distribuida en dos salas. En una están las obras premiadas. En la otra, los trabajos finalistas. Esa separación me parece razonable desde el punto de vista organizativo, pero es curioso cómo acaba provocando una lectura muy distinta.
En la sala 2, la de las obras premiadas, en absoluto dudo de la calidad de las imágenes. Si están allí, es porque han convencido al jurado. Sin duda, son las que han llegado más lejos. A mí, sin embargo, me hacen pensar en el porqué.
Me cuesta trabajo comprender algunas de esas series. Esa sensación me frustra y me pregunto, si realmente sé de fotografía. Me causa dudas. No dudas sobre las obras, sino sobre mi propia manera de mirar.
El ganador de esta edición es Jesús Umbría Brito, con la colección Retaguardia. Según la información de la exposición, su trabajo construye un retrato de la juventud pospandemia a partir de referencias culturales que mezclan música, estética punk y formas visuales del pasado. Quizá ahí está una parte de mi distancia: en esa necesidad de entrar en la serie no solo mirando, sino también leyendo sus claves.
Sin embargo, en la sala de los finalistas respiré de otra manera. Vi más luz para mi forma de entender la fotografía. Quizá por eso me sentí más cerca de esa sala que de la otra.
Mi distancia como aficionado
Como aficionado a la fotografía, la visita me dejó una impresión incómoda y fértil. Me gustó mucho la exposición. La recomendaría a cualquiera que disfrute mirando imágenes con calma. Pero también sentí que nunca sería merecedor de uno de esos premios.
No lo digo como falsa modestia. Tiene que ver con la ambigüedad de algunas series, con esa manera de construir un discurso visual que no siempre impacta a la primera. En muchas ocasiones, una fotografía premiada no se entrega con una sola mirada. Necesitas una interpretación previa para llegar a comprender lo que estás viendo.
Ahí es donde me quedo fuera.
No porque no me interese. Al contrario. Me interesa esa distancia. Todo esto me hace preguntarme qué ve quien premia. Qué peso tiene la coherencia de una serie. Cuánto importa la técnica y cuánto la intención. Qué convierte un conjunto de fotografías en una obra cerrada, o al menos defendible.
En esta edición se han recibido 433 colecciones, con un total de 1.299 fotografías valoradas por el jurado. Saberlo también cambia la forma de mirar. Detrás de cada obra expuesta hay muchas que no han llegado a la pared. Y detrás de cada selección hay una manera concreta de entender qué merece ser visto.
Una sala posible
Al salir, pensé que quizá nunca tendría oportunidad de estar entre los premiados, pero sí podría imaginarme entre los finalistas. Esa sería mi aspiración si algún día me presentara.
En la sala de los finalistas me sentí más identificado con la fotografía que hago y con la que sé interpretar. Allí una imagen podía sostenerse sin parecer definitiva. El fotógrafo parecía decir: esto es lo que he visto, esto es lo que he intentado ordenar.
El Premio Mezquita 2026 me hizo pensar en la diferencia entre hacer fotografías y construir una mirada. La sala de los premiados exige tiempo, renuncia y una cierta capacidad para dejar que las imágenes hablen entre ellas. La sala de los finalistas, en cambio, me pareció más cercana. No más fácil, pero sí más reconocible.
Quizá por eso nunca podré aspirar a mucho más. O quizá no se trate de aspirar. Tal vez baste con seguir haciendo fotografías desde el lugar en el que uno se reconoce, con la conciencia tranquila de estar haciendo lo que le gusta.
La exposición merece la visita por las imágenes que muestra, pero también por las preguntas que deja al aficionado que mira desde fuera.
+ información
La exposición de premiados y finalistas del XXVI Concurso Nacional de Fotografía “Ciudad de Córdoba”, Premio Mezquita 2026, puede visitarse en la Casa Góngora de Córdoba hasta el 7 de junio. La entrada es gratuita.
Horario: de martes a sábado, de 10:30 a 13:30 y de 18:00 a 21:00. Domingos y festivos, de 11:00 a 14:00.
Web del espacio Casa Góngora:
https://agendaunica.cordoba.es/localizacion/casa-gongora/